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Colectivo Cultural REGÍSTRATE

Cuento

Fantasía-Otros

Nosotros

Thanya Sofia Morales
Cuando la quimera de ensueño emerge del imaginario colectivo, abre sus alas de hierro. Sobrevuela, imponente sobre las cabezas de sus devotos. La pasión de los fieles la alimenta. La libertad corre por sus oxidadas venas de plata. Su sangre, corroe. .. Despierta sólo para regresar a su sueño de hielo por la mañana, por la eternidad. Pero ahora ella es libre, fluye. Vuela, llora, grita, destruye. .. y deja caer la noche al abrir las piernas. De las sombras emergemos nosotros, los proscritos, los ocultos. Sus devotos. Nos vela. La velamos. Somos parte de un todo, de su todo. .. la nigérrima nada. Nos movemos entre memorias olvidadas; cavamos con nuestros dedos los sangrantes cráteres en la faz del olvido. Protegemos lo que es necesario destruir y destruímos lo que es necesario proteger. Somos amorales, primitivos. Existimos y no. Creemos y no. Somos nosotros mismos cuando no estamos siendo nosotros mismos. Creamos, forjamos un destino propio a base de sangre. Nuestra quimera, ¡oh!, nuestra Diosa bebe sangre. La alimentamos a toda costa. Es nuestro desti
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Microficción-Otros

Arándanos

Fernando Escandón
El labio me está sangrando, las extremidades me tiemblan y el cuerpo me da respingos de celeridad, tengo la respiración agitada. Las costras comienzan a caer sobre la almohada conforme las retiro con los dientes, mordiendo sus orillas. La sangre pronto brota de mi brazo y se mezcla con la sangre de mis labios, la saliva hace lo propio. Trato de tragar todo lo que puedo, no quiero manchas en las sabanas, así que repaso mi lengua por las heridas, llenándome de un gusto añejo y metálico. Afuera, el perro no deja de ladrar, pronto se le unen los perros de las casas aledañas y comienza una serie de gañidos en toda la calle. Grito una entonación sin sentido para silenciarlo, pero no hace sino ladrar mas desesperado, si no guarda silencio tendré que salir a lamerlo a él también. Omito los ruidos del exterior y me centro en seguir retirando las costras de mis dedos, teniendo cuidado en no derramar ni una gota de saliva. Cuando termino de limpiarme bajo de la cama y camino hacia la puerta, nuevamente gruño, maldiciendo mentalmente la cerradura que me confina en el cuarto. Entonces es cuando r
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Terror/Horror-Muerte

Astarté

Ana Ruíz
Astarté Por Ana Ruíz García / Silent_Natasha A la mañana del tercer día me encontré con que el suelo estaba suficientemente seco como para caminar con soltura, algunos rayos de sol penetraban las rendijas del recinto y desde mi altura miré un techo alto con figuras curiosas talladas en las columnas que le sostenían; parecía todo tan nuevo y a la vez su atmósfera parecía de antaño. Pese a la lobreguez atisbé numerosos montículos a mis pies, algunos tan largos como anguilas, otros podrían ser rocas descansando en el cobrizo tono de los suelos, el mismo tono que cubría la desnudez de este cuerpo. Aromas dulces, combinados con el de las velas hacía tiempo apagadas, apaciguaron mi creciente pánico, las sombras se movían acusantes, ellas conocían el motivo de mi presencia ahí y sin embargo las sombras se negaron a responder la interrogante de mi rostro. El mundo, el tiempo, el silencio se confabularon en mi contra y el vértigo me recostó con brutal espasmo en la roca. Las noches anteriores y los hechos transcurridos antes de este despertar lucharon para emerger del recuerdo
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Fantasía-Otros

Un viejo camino.

Jesús Chávez
Tomé, dejando un poco a la suerte, un poco a mi precario sentido de orientación, el camino que, pensé, me llevaría al próximo pueblo. En esas vacaciones no tenía un itinerario al cual adherirme, solamente dejaba al momento y a mi estado de ánimo la decisión del rumbo a seguir. En ese instante no contaba con un medio de transporte que me llevara lo más rápido y cómodo posible, así que observando lo bello del paisaje, decidí recorrer el trayecto a pie, únicamente con unas cuantas indicaciones de la gente del lugar. La ruta estaba bien trazada, la naturaleza respetaba el sendero de tierra no resultando difícil caminar a través de él. Lo que no tomé en cuenta fue la hora de mi partida y estaba mal preparado para pasar la noche a la intemperie, la lógica recomendaba buscar algún sitio en el cual descansar, para reiniciar el viaje por la mañana, pero, no sé por qué razón seguí caminando. Siendo un hombre enteramente de ciudad no podía calcular el paso de las horas, por lo mismo, no podía saber cuándo saldría la luna para iluminar un poco el camino, ya que en aquel instante no veía siqui
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