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Colectivo Cultural REGÍSTRATE

Cuento

Fantasía-Romance

El Guerrero del Bosque

José Roberto Noriega
En una era lejana, más vieja que la más vieja de las piedras de nuestra tierra, en un lejano lugar fuera del alcance del hombre, existía un bosque encantado lleno de criaturas mágicas en el cual se alzaba una colosal edificación hecha de piedra blanca, gemas de colores y cristal puro del interior de la tierra, la cual era llamada por todos “el Faro de Piedra y Cristal” en el piso más alto de esa torre vivía un guerrero llamado Kanath que era el protector del bosque, Kanath era un guerrero habilidoso y un poderoso mago, sin embargo y a pesar de todo su poder, su destreza en el combate y todos sus conocimientos, estaba solo. Kanath siempre vivió en su bosque, siempre vigilando que el mal no penetrara en su adorado hogar, observando las estrellas por la noche a través de la cúpula de diamante de su torre, conversando con los animales, las hadas, las ondinas, los elfos, los silfos, las salamandras y los elfos, pero a pesar de sus muchas amistades con las criaturas del bosque, él era alguien único allí, no tenía las orejas puntiagudas, su cabello era negro como la noche, su piel era d
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Realismo-Ciudad

EL REGRESO

Jesus Fuentes
EL REGRESO Por Jesús Fuentes y Bazán Hojeando una revista de modas, sólo por distracción, espero la salida del autobús a Ensenada en la terminal de la línea, en Tijuana. Ir de compras al gabacho, la verdad, me enfada: Desde comprar dólares, levantarse ese día casi de madrugada, sufrir una larga fila y avanzar con lentitud para cruzar, ver la cara agría del gringo, burlona -imagino-. De plano, ¡no! “Tengo el once, este es mi asiento,” dice un joven como de treinta y tantos años, alto, moreno, bien parecido, de nariz aguileña. El pelo largo escapa de su tejana negra y cae sobre el cuello de su camisa azul a cuadros de diferentes tonos. Pantalón vaquero de mezclilla. Sin decir más, se sienta junto a mí, al lado del pasillo. Se sumerge en el asiento con desparpajo, con placidez. Levanta su pierna derecha y, con un poco de dificultad por la estrechez del espacio entre los asientos, la pone en escuadra sobre la pierna izquierda. Su bota café, de pico, lustrosa. El autobús avanza, serpentea en la autopista. “Vengo del otro lado. Estuve en la cárcel.” Siento su mirada en mis pierna
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Fantasía-Otros

Nosotros

Thanya Sofia Morales
Cuando la quimera de ensueño emerge del imaginario colectivo, abre sus alas de hierro. Sobrevuela, imponente sobre las cabezas de sus devotos. La pasión de los fieles la alimenta. La libertad corre por sus oxidadas venas de plata. Su sangre, corroe. .. Despierta sólo para regresar a su sueño de hielo por la mañana, por la eternidad. Pero ahora ella es libre, fluye. Vuela, llora, grita, destruye. .. y deja caer la noche al abrir las piernas. De las sombras emergemos nosotros, los proscritos, los ocultos. Sus devotos. Nos vela. La velamos. Somos parte de un todo, de su todo. .. la nigérrima nada. Nos movemos entre memorias olvidadas; cavamos con nuestros dedos los sangrantes cráteres en la faz del olvido. Protegemos lo que es necesario destruir y destruímos lo que es necesario proteger. Somos amorales, primitivos. Existimos y no. Creemos y no. Somos nosotros mismos cuando no estamos siendo nosotros mismos. Creamos, forjamos un destino propio a base de sangre. Nuestra quimera, ¡oh!, nuestra Diosa bebe sangre. La alimentamos a toda costa. Es nuestro desti
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Microficción-Otros

Arándanos

Fernando Escandón
El labio me está sangrando, las extremidades me tiemblan y el cuerpo me da respingos de celeridad, tengo la respiración agitada. Las costras comienzan a caer sobre la almohada conforme las retiro con los dientes, mordiendo sus orillas. La sangre pronto brota de mi brazo y se mezcla con la sangre de mis labios, la saliva hace lo propio. Trato de tragar todo lo que puedo, no quiero manchas en las sabanas, así que repaso mi lengua por las heridas, llenándome de un gusto añejo y metálico. Afuera, el perro no deja de ladrar, pronto se le unen los perros de las casas aledañas y comienza una serie de gañidos en toda la calle. Grito una entonación sin sentido para silenciarlo, pero no hace sino ladrar mas desesperado, si no guarda silencio tendré que salir a lamerlo a él también. Omito los ruidos del exterior y me centro en seguir retirando las costras de mis dedos, teniendo cuidado en no derramar ni una gota de saliva. Cuando termino de limpiarme bajo de la cama y camino hacia la puerta, nuevamente gruño, maldiciendo mentalmente la cerradura que me confina en el cuarto. Entonces es cuando r
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